Trauma y terapia. El tsunami y su sombra.
Actualizado: 26 sept

Cuando algo duele demasiado. Un demasiado que no significa excesivo, sino que es intolerable. Y lo sería para cualquiera de nosotros, el problema no es de capacidad o de tolerancia. Es que el daño transgrede la posibilidad de elaboración. No tiene nombre, no se puede pensar. Es un tsunami que ha arrasado buena parte de lo que encontraba a su paso. Luego, se ha edificado sobre él, sin poder drenar el agua que ha calado en cada rincón.
A pesar de que ahora existen nuevas construcciones, algunos de los cimientos no han podido asentar bien; el suelo no es seguro. Uno deambula con miedo en un lugar así, es inevitable. Y cuando uno tropieza con una baldosa, corre el riesgo de caer sobre esa misma agua que se llevó recuerdos, confianza, alegría. A veces es ineludible, todos tenemos traspiés. Pero no todos caemos sobre los restos de un tsunami. Entonces el tiempo no importa y lo que fue vuelve a ser, como si nada hubiera pasado entre medias. El océano sigue agitado, frío y oscuro. Nunca se ve el fondo.
Esto es el trauma, un aroma que impregna algunas habitaciones del hogar ---partes disociativas (Van der Hart, 2023, p. 63)---, con el que se convive y que consigue ignorarse, neutralizarse o cubrirse con otros aromas. Temporalmente. Hasta que los esfuerzos por vestirlo de un color distinto conducen al agotamiento. Entonces nos invade y paraliza. Una y otra vez. No podemos escapar siempre.
Cuando alguien pregunta por él, se dan muchas explicaciones sobre el desarrollo neurológico, el sistema nervioso y la biología. Está bien, hacen falta y nos han ayudado a comprender el mecanismo fisiológico, confirmar hipótesis clínicas y encontrar narrativas que recojan la experiencia de nuestros pacientes Allan Schore (2010) hablaba de comunicaciones afectivas de apego que arraigan el desarrollo del sistema límbico. Pero al igual que el impacto de un desprecio no puede medirse, tampoco puede hacerlo el impacto de una vida plagada de ellos. El trauma se nos escurre entre las manos a todos, pacientes y terapeutas, profesionales vinculados a la investigación y a la clínica. No existen dos iguales, incluso cuando la sintomatología es extremadamente similar. No se puede tocar ni se puede ver, pero ahí está. El trauma, como todo en nuestro trabajo, se infiere. Se infiere del dolor que sí vemos, que sí escuchamos. Impregna cada sesión, ocupa el espacio de la consulta. Lo percibe el paciente y lo percibimos nosotros, no trabajamos con más instrumentos. Dos cuerpos que sienten, piensan y se comunican. El cuerpo lleva la cuenta (Van der Kolk, 2014).
Para drenar la cantidad de agua que puede inundar una ciudad, hacen falta muchos cubos, muchas manos. Esto es la terapia en casos de trauma, junto con las amistades, la pareja o el trabajo, las pasiones y aficiones. Personas y entornos que otorgan sentido y propósito, que reparan nuestras estructuras, alivian nuestro miedo, calman nuestra angustia. Nos dan calor y seguridad, oportunidades. La psicoterapia es un lugar específicamente diseñado entre dos personas para ventilar, drenar y reparar los efectos de un tsunami. Que su sombra no nos paralice. Que cuando caigamos el agua pueda salpicar, pero no ahogue. Y para ello, tendremos que atravesar juntos alguna vez ese lugar desolado, inundado de emociones que desconocemos y a las que tememos. Tropezar juntos, caminar juntos. Construir estructuras diferentes, de tal modo que llegue un día que la terapia sea prescindible. Cuando uno puede volver a habitar ese lugar antiguo y nuevo, nuevo y antiguo. Habitarlo solo y habitarlo acompañado. Y sea agradable.
Bromberg, P. M. (2011). La sombra del tsunami y el desarrollo de la mente relacional. Ágora Relacional.
Schore, A. (2010). El trauma relacional y el cerebro derecho en desarrollo: interfaz entre psicología psicoanalítica del self y neurociencias. Revista GPU, 6(3), 296-308.
Van der Hart, O., Nijenhuis, E. & Steele, K. (2023). El yo atormentado. La disociació estructural y el tratamiento de la traumatización crónica. Desclée de Brouwer.
Van der Kolk, B. (2014). El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Eleftherial.


